
Que tienen los camioneros que los miramos con admiración y con miedo. Películas como la de Spilberg:
“El diablo sobre ruedas” donde el bueno de Dennis Weaver era perseguido por un camión de 18 ruedas, o la famosa
breakdown donde al buenito de Kart Rusell le raptan a la mujer un grupo de camioneros, e incluso la terrorífica
Joy Ride donde el camionero persigue a dos jóvenes que usaban la radio UHF para bromear. Por otro lado tenemos a Stallone en
Yo el halcón dónde hace del rudo camionero Lincoln Hawk que acaba de encontrar con su hijo por primera vez, y su célebre duelo de pulsos hasta casi explotarle las venas.

Pero fuera de los mitos de carretera, terroríficos y demás, vemos a los camioneros como los hombres rudos que viajan de pueblo en pueblo, comiendo en inmundos bares de carretera, con una novia en cada pueblo y topándose con los fantasmas que la carretera pueda aportarles. Como ha ingresado dentro de la mitología popular las historias de terror sobre camioneros, al mismo nivel ha entrado las aventuras entre heroicas y bandoleras de estos hombres.
Podemos recurrimos incluso al Country donde Dave Dudley (uno de aquellos viejos cantantes de voz cascada y tejanos apretados) que habla desde el asiento del camión en la canción
“Six days in the road”:
“Salí de Pittsburg bajando por la costa este. Tengo el tanque lleno hasta el tope y hoy corro como nunca. Llego a una zona para correr y no veo ningún policía a la vista. Tomo unas pequeñas pastillas blancas y mis ojos están bien abiertos. Seis días en la ruta y estaré en casa esta noche. Podría tener muchas mujeres, pero no soy ese estilo de tipo. Puedo buscarme una que me abrace fuerte pero nunca creeré que está bien.”. El country es un ambiente donde el culto al camionero se ha desarrollado, más allá del género hasta llegar a surgir las "Diesel Songs" como se puede leer en este
artículo
También podemos ver este mito en la novela de Perez Reverte:
“Un asunto de honor”, donde el camionero hace del caballero que tiene que rescatar a la joven princesa de las manos del Portugues Almeida al que le vendieron su virginidad en una persecución por las carreteras españolas con el único objetivo de llegar al mar.

Pero esta distancia con lo humano bien la describe este otro
artículo:
“Los camioneros miden más o menos como todos los demás seres humanos del planeta pero, desde la altura de la cabina, parecen observar el mundo con óptica de gigantes; se pesan en kilogramos como cualquiera y, sin embargo, una vez arriba de “la máquina”, la balanza empieza a marcar en toneladas”. El camionero cuando está sobre su vehículo trasegrede la distancia que nos separa del cielo y que nos acerca a la tierra y se coloca en un punto medio, sobre el gastado asiento de su vehículo.
Pero sólo imagínense, en un ejercicio de voluntad, a ustedes mismos sobre una máquina de 35 toneladas, recorriendo las carreteras del país, de cualquier país. Mirándolas desde una óptica diferente porque para ti la carretera no sólo es lo que te conduce de un lugar a otro, es tu trabajo, tu oficina, una parte importante de tu vida.

Vas conociendo los recodos, las curvas e incluso los bares de mala-muerte y los burdeles, como las distintas habitaciones de tu hogar.
Tantas horas de silencio, con las manos ocupadas en el volante, con la mirada puesta en el camino no te queda muchas más opción que pensar. Pensar largamente en lo que tu eres y en dónde estás. Sólo pensar en todo lo que llega a tu vista. No me extrañaría mucho que los camioneros cultiven la filosofía taoista: “Lo que importa es el camino.”
No puedo dejar de recordar los dos conductores de los dos autobúses que nos llevaron en el viaje de promoción en el colegio más de 1000 kilómetros dentro la selva. Se llamaban Dionisio y Jesús, y cada uno de ellos se acoplaba a su nombre de una manera absolutamente natural. El primero era el jefe, el que indicaba el camino y en ocasiones llamaba la atención a su colega. El segundo en cambio era delgado, callado y siempre bajaba la miraba cuando el otro le indicaba algo.

Cuando nos tocaba viajar junto a ellos, nos entreteníamos mirando el camino desde su altura, y sólo su silencio como respuesta nos acompañaba en ese tunel de luz con el que las luces del vehículo cortaban la noche. Incluso cuando teníamos que turnarnos para mantenerlos despiertos – aun tiemblo de recordarlo – una sonrisa en el rostro de cualquiera de los dos conductores nos hacían sentir que estábamos de más. Que él, el vehículo y la carretera era lo único que importaba.
Y como dice la canción
My hometown's a comin' in sight if you think I'm a happy you're right
Six days on the road and I'm a gonna make it home tonight
Las imágenes full resolución
NO TE OLVIDES SUSCRIBIRTE AL FEED DE EL FORASTERO
Categorías: