La necesidad de decir...
La necesidad de expresarse puede llevar a unos niños criados por lobos a inventar un idioma propio con el que contarse sus historias. Si el hombre vive sólo en una isla llegará un día que querrá plasmar sus memorias aunque no haya nadie para leerlas. El escritor alemán Hernich Böll cuenta de los prisioneros en Aswich que desarrollaron un sistema propio de comunicación para hablar entre las celdas a base de golpes con los nudillos. También está la historia del semiólogo judío que sobrevivió al mismo campo de concentración, realizó un estudio sobre el idioma alemán usado por los nazis, escrito íntegramente en su mente para transcribirlo inmediatamente al salir libre. O la increíble pero tristísima historia de Lucy, la chimpancé que cuenta Rosa Montero. Fue adoptada por una pareja de biólogos ingleses y fue criada como un bebé. Incluso lograron enseñarle a comunicarse por el lenguaje gestual de los mudos. Pasaron los años y Lucy fue a parar a un zoológico a la partida de sus “padres”. Años después, un profesor de niños discapacitados visitaba un zoológico en África y se dio cuenta que podía “leer” los gestos que le hacía un chimpancé. El simio sólo repetía “sacadme de aquí, sacadme de aquí, sacadme de aquí”. En este ejemplo la pobre chimpancé había aprendido a expresarse, pero no tenía nadie en su entorno que la pudiera entender. La necesidad de expresarse es totalmente natural, como si tuviéramos una fuerza en nuestro interior que pugnara a salir. En la aldea de Shangjiangxu en China, durante la dinastía Tang (618-907), los hombres desterraron a sus esposas e hijas a las habitaciones altas. Estaban prohibidas de verse así como de usar cualquier tipo de intento de comunicación. La palabra era del hombre, quien tenía la palabra dominaba.
Pero las mujeres sentían esa necesidad de expresarse, de comunicar sentimientos más allá que los de los instintos básicos que puede sentir cualquier animal. Querían mostrar sus sentimientos de dolor y de alegría, la increíble felicidad del nacimiento de un hijo, la tristeza del alejamiento de una hija. Fue tan grande esa necesidad que para expresarla utilizaron los únicos medios a su disposición. Su papel fueron las telas, su pluma las finas agujas de bordado. Así nació un idioma NüShu: escritura de mujeres (en contraposición del NanShu). Un idioma totalmente inentendible por los hombres.
Las palabras eran bordadas en los tejidos que realizaban y ofrecían al templo. En este las mujeres podían intercambiar los textos en una comunicación lenta pero honesta donde se entregaban completamente en sus palabras. Con el tiempo el idioma NüShu también se convertiría en un idioma hablado sólo por mujeres.
No sólo la creación del idioma las salvó de la vista del hombre sino su capacidad de ocultamiento de las mismas letras dentro del tejido permitió que pasara totalmente inadvertido hasta 1980.
La leyenda cuenta que el nacimiento del NüShu viene de una de las concubinas del emperador, de nombre Hu Yuxin, recluida en el palacio deseaba contarle a su familia lo mucho que la extrañaba sin que el emperador se enterara, por eso ideo este sistema. Hoy en día sólo 4 mujeres hablan este idioma, las cuatro octogenarias. Pero sólo la existencia de este idioma nacido por la necesidad puede mostrar la increíble fuerza que nos impulsa a expresarnos. Links sobre el NüShu.
Es muy triste que cada vez querramos expresarnos menos. Tenemos tanta información a nuestro alcanze, tantos dicursos a los que podemos acceder que esa necesidad muda dentro nuestro ha sido tapada con una capa de concreto. Tenemos que ser desprovistos de esa capacidad para que de verdad la hechemos en falta y empezemos a inventarnos sistemas para decir lo que pensamos. ¿Cuántas son las historias de hombres amputados de manos empezaron a pintar con los pies (o la boca)?, ¿Cuantos son los que empezaron a escribir cuando entraron a la carcel¿, ¿Cuantos son los que hablaron cuando les prohibieron la palabra?. ¿Tenemos que esperar a que ocurra eso?
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