Ritos y palabras
Ayer asistí a mi primera boda en España. Boda por lo civil, cena en un hotel recién estrenado y gritos de alegría de "vivan los novios" durante toda la noche... Pero no quiero hablar de esta boda, necesito hablar ahora de estas ceremonias de matrimonio que son las que se están conviritendo en las más comunes. El cura o párroco ha sido sustituido por un trabajador de registro civil que oficia una breve ceremonia (no pasa de los 15 minutos). Después de esta los rituales - sentidos o tradicionales - han quedado disminuidos a los arroces, la entrada triunfal en la sala de recepciones y el bals después de la tarta.Poco a poco la religión católica (y para el efecto cualquier religión) va siendo exiliada del matrimonio y de la vida cotidiana, y aunque ya no se recitan salmos y la unión se da ante el estado en lugar de ante dios, todavía se puede sentir la necesidad del fasto religioso, de la elegancia solemene de la sala de actos, de los invitados imbolucrados en la ceremonia al ponerse de pie o sentarse. La elegancia de los vestidos (de la novia por ejemplo), la elección de un orador que pregunte a la pareja y los case frente al estado después de leer las citas correspondientes son un triste sustituto de un cura, rabino o sacerdote que oficie la ceremonia. Estamos partidos entre la convicción no-religiosa y la costumbre del ritual que nos hace necesitar de unos elementos específicos para sentirnos casados.
Antes, la misma ceremonia - aparte de lo intrínsicamente religioso - era muy rica en actos simbólicos como los de atar a la pareja en un lazo, repartir los talentos de oro y el mismo hecho de colocar el anillo en el dedo del otro. Ahora la firma al pie del documento es suficiente para que la pareja sea reconocida como matrimonio ante el estado. El hecho de decir - si acepto - y el colocarle el anillo al esposo o esposa son más los símbolos que rodean y aun arrastramos de la tradición.
En un siguiente caso, los rituales (tan diversos en Bolivia y más escasos y parcos en España) de el paseo por la ciudad (siete puentes y siete plazuelas creo recordar) arrojar el ramo y la liga, levantar al novio y la novia en andas a la pareja en las bodas griegas e incluso el partir con el talón una copa de cristal llega a ser más que la tradición folklórica de la boda, aunque ya de forma imperceptible, estos son elementos simbólicos (como los que se hacen en la misa) que ayudan a la pareja a comprender el paso que realizan a diferentes niveles y no únicamente el racional. El sentirse casados es lo que los casa.
En un último punto, algo que extraño en las bodas Españolas es la falta de la palabra hablada, del discurso, brindis o palabras de homenaje. El regidor lee los artículos concernientes al matrimonio en la constitución y la carta de derechos humanos, y salvo el - sí - de la pareja y los gritos de - vivan los novios - no existe ninguna comunicación más con los asistentes.
Para mi, un matrimonio es el contrato en la pareja, una decisión íntima y personal que no necesitan expresarla a nadie más (salvo para asuntos legales). La boda es cambio es esa misma expresión compartida con los amigos y parientes, con el estado y, en las bodas religiosas, con dios. Siendo la boda más para los invitados que para la misma pareja me parece que es importante que estos (o los padrinos, padres y suegros en representación), compartan lo que está ocurriendo con el resto los invitados.
En Estados Unidos (esas bodas a las que estamos tan acostumbrados por las películas), la hora de los brindis y discursos es casi tan importante como la ceremonia en sí. En las ceremonias católicas el encargado de hablar del amor y el compromiso (irónicamente) es el mismo cura. En muchas bodas he visto como este leía los salmos - que al final de cuentas son como poemas - o los novios decían sus propios votos. El compartir con los invitados el amor de la parecja, hace que la ceremonia sea un momento de comunión más intimo entre todos los asistentes. Recuerdo las señoras llorando en el momento de la boda, o el padre del novio emocionado por el paso de su hijo, la misma novia romperse la voz por la emoción al indicar lo mucho que amaba al novio y sobre todo recuerdo la felicidad de la pareja que acepta estar juntos y comparte ese sentimiento con las personas que que quiere.
No pido volver a las ceremonias religiosas donde se amenazaba más que advertía a la pareja el permanecer juntos, tampoco digo que la firma del documento legal sea algo de menor importancia (para muchos es la principal razón de la fiesta); digo más bien que hay que intentar convertir la unión de la pareja en un hecho más humano e íntimo. Esta ceremonia es (o tendría que ser) la prueba de que esa pareja se ama o al menos que desea pasar su vida con el otro.
Tanto los ritos como las palabras son importantes en la boda. Los primeros para hacer sentir a los novios (e invitados) que se ha dado un paso, el ritual iniciático de la pareja, y el segundo para que la ceremonia sea convierta verdaderamente en el compartir la alegría con los seres más cercanos.
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