La virgen de la Mercè
La plaza de la Mercé está coronada en lo alto con la estatua de la virgen de la Mercé.La estatua, vieja y sucia del smog más que parecer la patrona de la ciudad, la santa milagrosa de Barcelona, tiene la apariencia de aquellas mujeres de europa del este que al igual que la virgen están vestidas con una sucia túnica que las cubre a los pies. Al igual que ellas la virgen llevan en brazos a un niño hambriento, quizás enfermo, que se lo van pasando de mano en mano para recorrer los vagones del metro y los bares del centro pidiendo dinero como quizás ahora con su hijo muerto, ella también tiene que hacer. La virgen lleva en la mano derecha un pliego, similar al periódico de la Farola que infructuosamente esas mujeres quieren vender mientras recitan una letanía en alguna lengua imposible, un rezo quizás como el que la virgen a todas horas va murmurando en recuerdo de su hijo muerto. A diferencia de aquellas mujeres, la virgen de la Mercè lleva en la cabeza una corona, a diferencia de ellas, un día la Generalitat decidirá limpiar la estatua y una vez más será sólo la Virgen que se encuentra en lo alto con un niño gordo y sonrosado en brazos, a ella le arreglarán el rostro y le cambiarán la vieja túnica por una nueva con la cual poder lucirse ante la ciudad con el cielo recién lavado, algo que nadie hará por aquellas mujeres que regresarán de nuevo a casa contando las pocas monedas reunidas, comprarán algo de comer, algo quizás para el niño aunque sea porque les sirve de utilería para pedir dinero, y al día siguiente, igual que la virgen, se pasarán el día bajo el sol.
La Mercè, patrona de Barcelona
Dice la leyenda que la noche del 24 de septiembre de 1218, la Virgen se apareció simultáneamente al rey Jaime I, a San Pedro Nolasco y a San Ramón de Peñafort. A los tres les pidió que crearan una orden de monjes dedicados a salvar a cristianos encarcelados por los sarracenos. Eran tiempos de guerra religiosa.
Siglos más tarde, en 1687, Barcelona sufrió una plaga de langosta, y se puso en manos de la Virgen de la Mercè. Acabada la plaga, el Consejo de la Ciudad la nombró patrona de Barcelona. El Papa, sin embargo, no ratificó la decisión hasta dos siglos más tarde, en 1868.
Que amargas parecen ahora estas líneas.
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