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Las preguntas

¿Es el signo de interrogación un anzuelo que nos engancha a la pregunta?

Cuando hacemos una pregunta y la cerramos, como quien cierra una compuerta con el signo de interrogación, lo que estamos haciendo es poner una trampa. En el momento en que una persona se engancha con el anzuelo abre la compuerta y toda la pregunta cae sobre ella. A veces es muy difícil desprenderse de esas preguntas.

Hay algunas personas que cayeron muy jóvenes en una pregunta y nunca se la pudieron quitar de encima. Dedicaron toda su vida a responderla y aun hoy, como un viejo tiburón que exhibe con orgullo el arpón clavado en el lomo, muestran su colección de anzuelos y afirman que ya han respondido una parte de esas preguntas.

Otros en cambio se dedican a ser pescadores. En lugar de remendar redes y tender líneas, estos pescadores fabrican preguntas y las dejan abandonadas a la espera que alguien las atrape. A veces es un niño quien pica con una en el colegio y el profesor contento por su pesca procede a desenredarlo y a darle más anzuelos para que siga jugando. Otras veces es un hombre el que pica, en esa situación sólo hay que darle línea y ver hasta donde nos puede arrastrar.

Otras veces te puedes encontrar con esas trampas en los periódicos. Son preguntas dirigidas a políticos y gobernantes, sólo que su punta es tan afilados que no atrapan los pescados que quieren (sólo atrapan a pequeños lectores) y su presa, el político o gobernante, huye con una fea herida en el lomo.

Casualmente los mejores para armar estos anzuelos son los niños. Ponen trampas en los lugares más insospechados, y como la madre del gato que tiene que limpiar a sus crías de la suciedad de sus constantes juegos, tienen que encargarse de desenredarlos de sus preguntas.

Hay trampas que son peligrosas y están puestas con afanes maliciosos. Las madres son expertas en eso: ¿Has estudiado?, ¿Dónde estás yendo?, ¿Quién es ese tu amigo? y el joven queda atrapado en la red sin saber cómo desenredarse. Otras veces son preguntas más peligrosas ¿Me quieres?, ¿Me has perdonado?, ¿Quién es ella? que a veces como una escopeta fallida pueda terminar disparándose por la culata.

Pero en general las preguntas son buenas, pueden ser un juego o un trabajo. Existen profesionales de preguntas y los que las hacen únicamente con la afición de ver que nuevas especies pueden pescar. Lo bueno de las preguntas es que siempre habrá alguien que intente responderlas.

Lo único que es seguro es que ese pequeño anzuelo está allí, esperándonos para atraparnos y no nos dejará libres hasta que no la respondamos. Hay algunas que aunque lo hagamos, nunca se irán de nosotros.

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Comentarios

1
De: loquisiux Fecha: 2004-10-28 18:17

Las preguntas pueden ser trampas mortales, pero a veces pueden ser la unica forma de salvacion..cuando realmente necesitas una respuesta, el hacer esa pregunta puede darte el descanso...Muy buen analisis.. Saludos!



2
De: El Boby Fecha: 2004-10-28 19:59

Tal vez te falta un caso más... El del pescador que genera sus propios anzuelos y los pica y hace picar a otros. Aquellos que fabricaron la pregunta para si mismos pero que al buscar la respuesta en los demás.... los pica también a ellos.



3
De: MEV Fecha: 2004-10-28 22:42

Muy bien por el anzuelo, bello símbolo. Me gusta también aquello de que "Un científico es aquel, que de niño el sistema educativo no le quitó el deseo de seguir preguntando cosas, como por ejemplo,
por qué el cielo es azul".



4
De: Roberto Fecha: 2004-10-29 03:57

Como Mev, lo que me atrapa a mi es la bellaza de ese simbolo. Curioso como formas simples pueden sugerir tanto.



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