Historias de supermercados II
Muchas personas mayores van al supermercado como una forma de encontrarse con los vecinos. De algunos de ellos ese momento es el único del día cuando pueden conversar. Y aunque uno trabaje, en ocaciones te agarran y te charlan.
Hace unas semanas llegó un personaje del siglo de Oro español en persona. Perfil de Camilo José Cela e infancia de Machado
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto alegre donde madura el limonero;"
Su nombre era Julio y en breves instantes que la tarde me dejó me contó su historia. Niño pastor, panadero por más de cuarenta años, tenía los nudillos duros por la masa y la memoria llena de pueblos y huertos.
Por unos instantes los pasillos del supermercado dejaron entrar el sol de atardeceres, las cajas de cereales se convirtieron en los bloques de adobes de las calles y sólo unos instantes Don Julio me llevó de visita por su pueblo.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Hace unas semanas llegó un personaje del siglo de Oro español en persona. Perfil de Camilo José Cela e infancia de Machado
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto alegre donde madura el limonero;"
Su nombre era Julio y en breves instantes que la tarde me dejó me contó su historia. Niño pastor, panadero por más de cuarenta años, tenía los nudillos duros por la masa y la memoria llena de pueblos y huertos.
Por unos instantes los pasillos del supermercado dejaron entrar el sol de atardeceres, las cajas de cereales se convirtieron en los bloques de adobes de las calles y sólo unos instantes Don Julio me llevó de visita por su pueblo.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
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