Esta tierra sin muertos
Ya lo dijo Serrat, lo que más nos aferra a nuestra patria son los muertos que como raíces hemos puesto sus huesos en tierras fértiles y nos aferran diciéndonos que allí pertenecemos. El día de los difuntos en toda Latinoamérica aquellos que se fueron regresan para pasar el día, para volver a ser un poco humanos, comer, beber, disfrutar, para después volver a ese suelo, ahora árido por sequías o por guerras. Ha pasado mucho tiempo y las raíces que nos ataban a esta tierra siguen estando allí pero muchos tuvieron que cortarlas para volar al otro lado del océano. Lejos de sus raíces, lejos de sus muertos tienen que luchar para hacer un poco suya esa tierra extranjera.Y hoy día, día de los difuntos, no hay mesas que disponer, no hay banquetes que preparar porque nadie vendrá a comer, nuestros muertos están muy lejos para enterarse que los hemos dejado.
Hoy una amiga mexicana preparó la mesa como cada año cuando estaba en esa tierra en que los vivos y los muertos aun se confunden en este día entre colores y máscaras y juegos y golosinas. Preparó la mesa inventando quizás un nuevo ritual nuevo, un ritual que convoque desde tierras lejanas a sus propios muertos, que globalice aquellos huesos que dejó enterrados.
Antes la gente viajaba de pueblo en pueblo buscando oportunidades llevando consigo un atado de fémures, las calaveras de abuelos y abuelas como el árbol viajero que desplanta sus raíces para enterrarlas en el primer lugar donde encuentre agua y alimento. Pero ahora eso ya no es posible, dejan a los muertos al cuidado de los parientes, al nicho del cementerio que hay que limpiar y llenar de flores encargado a un primo o a un sobrino, porque ellos no podrán arreglar ninguna tumba por ahora. Y el día de los difuntos se pasearan por el cementerio en Barcelona, o en Washingtong, o en Oslo, viendo a todos esos muertos ajenos, todos esos hombres y mujeres de luto que rezan a sus propios muertitos. Y pasearán por el cementerio sin saber bien qué hacer porque no conocen las costumbres y tampoco conocen a los muertos, pero esperan que quizás en el otro lado, en el lado oscuro donde todos ellos viven, estos muertos nuevos, estos huesos que empieza a conocer se comuniquen con los ruidos de los tambores de los aborígenes, golpeando huesos a través del mar, y les digan a aquellos que dejaron al otro lado que vengan a visitarlos porque les tienen un platito especial, una comida nueva y extranjera que quizás les guste.
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