El cerebro externo
Hasta ayer el cerebro no era más que una masa gris sobre aquel cerebro primitivo de mamífero, sobre el cerebro más primito del reptil, todo eso encerrado en una caja de seguridad con la forma del cráneo humano hecho de el duro material de los huesos. Dentro esta pequeña maravilla se han desarrollado todas las ideas y obras de las que los humanos estamos orgullosos.Eso fue hasta ayer, hoy el cerebro ya no está confinado a su ataúd y está empezando a crear sus propias obras.
De la misma manera que el proyecto SETI utiliza al poder de procesamiento de miles de ordenadores para analizar el sonido de las estrellas, de la misma manera y gracias a Internet el cerebro externo está empezando a desarrollarse y cobrar forma gracias a millones de cerebros internos conectados.
Un buen ejemplo de esto es el del proyecto de Software libre. La idea de unas pocas personas que cobra posición y a la que se añaden programadores de todas partes. Cada uno de ellos coge una idea establecida y la modifica y la vuelve a colgar en la red, de esta manera un programa seminal evoluciona al pasar por todos los cerebros individuales hasta conformarse un proyecto final pero siempre en desarrollo.
Proyectos que el cerebro externo ha desarrollado son muchos, quizás la Wikipedia es la más notable con una mayor cantidad de artículos que la misma Enciclopedia Británica que en su día fue un buen ejemplo del proto-cerebro externo.
Creative Commons tiene un importante apartado que dice: “Si altera o transforma esta obra, o genera una obra derivada, sólo puede distribuir la obra generada bajo una licencia idéntica a ésta.”. En otras palabras, la modificación de una obra no sólo están permitidas sino que incluso tendrían que ser alentadas. Gracias a esta pequeña característica de los contenidos de la web el cerebro externo puede desarrollarse y crecer.
¿Cómo funciona?. Una persona cuelga en la red un proyecto personal bajo esta licencia, otra lo encontrará, lo modificará a su gusto y lo volverá a colgar, y otra hará lo mismo. De esta manera en cada paso que de la obra se transformará (no necesariamente para bien), pero irá cambiando como la idea crece dentro nuestra propia cabeza. Puede que de un elemento surjan innumerables modificaciones, 90% de ellas serán malas, pero habrá un 10% que la mejoren considerablemente. Y de la misma manera que nuestro cerebro recorre todas las posibilidades que nos plantea una única idea se irán descartando rápidamente las que no sirven y rescatando las positivas.
Es posible encontrarse con diversos ejemplos de este fenómeno: hay algunos más bien cómicos como el caso del video colgado en Internet del muchacho que jugaba con una espada como si fuera un jedi, fue pasando de mano en mano hasta que lo convierten en un guerrero con verdaderas espadas laser y en un ícono de la cultura en Internet.
Otros ejemplos son más debatidos legalmente como el caso del DJ llamado Dangermouse que mezcló el disco The Black Album de Jay-Z con samplers del disco The White Album de los Beatles y produjo The Grey Album.
También ejemplos más útiles son la utilización de foros para la búsqueda de información particular. Es más útil y productivo buscar información específica en foros que intentar encontrarla en una página. Además al estar contrastada por diferentes lectoras que afirman y niegan los casos es más fácil detectar las historias falsas.
De una manera similar muy inteligentemente Google ha entendido el fenómeno y lo ha utilizado para realizar las traducciones de sus páginas. Cientos de personas se inscriben y reciben un pequeño fragmento a traducir, de esta manera logran la traducción a múltiples idiomas con mínima inversión de tiempo y personal. Esta es una utilización inteligente del cerebro externo para el bien de una compañía.
¿Cual será el futuro de el cerebro externo?. ¿Cuáles serán las obras que esa nueva mente desarrollará?. Me imagino quizás una película producida por infinidad de cineastas (cada uno filmando o modificando o editando una escena, una secuencia, un fotograma), o cuadros pintados por multitudes que elegirán ellas mismas cuales serán los cambios que quedan, o novelas, o artículos, o quizás una nueva categoría de productos que todavía no podemos imaginar.
La potencialidad del cerebro es enorme. Utilizarlo para crear marcas o logotipos (como alguna vez se hizo en worth1000), para producir traducciones y escaneados masivos de textos, o análisis amplios o resoluciones de problemas matemáticos. La teoría del bazar sobre la catedral de Eric S. Raymond pero ampliada al mundo de la producción cultural en general, prevalecerá en forma de sus productos. Quizás para respetar el enunciado de Creative Commons en el futuro se tenga que anexar largas listas de colaboradores desde los que trabajaron en la idea primordial, hasta los que votaron por ella o quienes su idea fue desechada por la multitud.
¿Podrá este cerebro externo servir para solucionar problemas mayores?. ¿Será este el inicio de una nueva forma de inteligencia que algún día logre lidiar con la política, la economía o la religión?. El cerebro externo no es más que una capa más sobre todos los cerebros anteriores, una nueva forma de evolución.
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