San Jordi
El año que viene es el año del Quijote y del libro, en estas tierras barcelonesas el día del libro será una fiesta como nunca antes vista, ya tiemblo de miedo.El único caballero andante que en sus días conocería Don Quijote de la Mancha fue el que se llegaría a conocer en Barcelona como Sant Jordi.
Viajaba por los caminos de la Mancha don Quijote en algún momento indeterminado de la tercera salida lamentándose de sus heridas y deseando un buen plato de pucho su escudero. La pareja cabalgaba lentamente como si no tuvieran un lugar de destino y Don Quijote, a pesar de los malos tratos que su cuerpo había recibido deseaba con ansias embarcarse en nuevas aventuras. Pero había recibido tantos palos y malas bromas que se aprovechaban de su condición de noble y esforzado caballero que se había vuelto un tanto receloso y precavido en las aventura a escoger.
Decíamos que se encontraban cabalgando antes del atardecer y el calor manchego había empezado a declinar cuando se encontraron con una extraña figura al costado del camino. Estaba sentada sobre una roca al costado de su corcel y su apariencia mostraba gran malestar de cuerpo y de espíritu.
- Buenos días le doy, si me permite interrumpirlo en sus pensamientos.
- Buenos días buen señor – respondió el hombre con una tristísima voz
- Disculpe mi curiosidad pero me atrevo a preguntarle qué males le afligen
- Si yo le contara a vuestra mereced la triste situación en la que me encuentro
- Por favor nada me gustaría más que escucharle y si está en mis manos ayudarle.
- Confío en su persona aunque se trate de un desconocido, que al parecer es un caballero andante como yo mismo.
La frase sorprendió a don Quijote y arreció su curiosidad más aun si cabe.
- Efectivamente, soy Don Quijote de la Mancha, mejor conocido como el señor de los leones.
- No tengo el placer de conocerle pero es un gusto presentarme ante usted. Mi nombre es Don Jorge, el caballero de la Rosa, de profesión Santo y a pesar de mi augusto título también ejerzo de caballero andante en estas tierras.
- Estamos ante un santo, Sancho – dijo Don Quijote no sin antes dejar traslucir en sus palabras una nota sutil de ironía que no se le escapó a su escudero.
- Pues no es para menos – dijo este – yo soy Sancho Panza, gobernador de la Insula de Barataria.
- Pero cuénteme sus males – preguntó don Quijote
- Mal día escogí para ser santo o ser caballero. Porque el pueblo por el que pasé esta mañana le acoge un mal muy grande. Su ganado ha sido devorado y sus mozos y mozas tiemblan ante una muerte cercana.
- Qué provoca tanto temor en un pueblo – indignado don quijote respondió
- Un temible dragón que vive en una cueva cercana –
- Un dragón – repitió con la voz atermorizada Sancho
- Si, un temible animal con el que llegaron a un acuerdo de alimentarlo todos los días para que no destroze la villa. –
- Juicioso tal animal – añadió sancho más tranquilo.
- Mucho, pero al parecer se acabaron los animales del pueblo y ahora por un sorte pende la vida de los jóvenes del pueblo que tendrán que ser el alimento de la Bestia. La primera elegida, para mayor mal, fue la hija de un caballero muy principal, una hermosa muchacha rubia, esbelta y de maneras muy delicadas.
- Así que tiene enfrente una gran aventura, cuanto daría por estar en su posición y poder mostrar una vez más mi valentía.
- ¿y no lo quisiera hacer? – preguntó dubitativo el caballero
- ¿Hacer qué?
- Demostrar su valor y matar a ese dragón –
- Pero esa misión está encomendada a su persona –
- Lo se, lo se, pero mi cobardía es mayor a mi deseo de ayudar a la joven y al pueblo.
- Hoy en día hacen a cualquiera santo – dijo Sancho en voz muy baja sin dejarse escuchar.
- No señor, por más que le deseara, no puedo ser parte de esa su aventura. Es su misión y su destino y si la acomete con valor demostrará que es un hombre grande, y si muere en el intento su nombre será recordado en la posteridad quizás como el caballero del dragón y la rosa.
- Tiene razón usted, tengo que enfrentar a la bestia y a mis propios miedos, muchas gracias señor, gracias por infundirme del valor necesario para acometer mi tarea. – en Seguida San Jorge, el caballero de la rosa, se levantó animado, subió a su corcel y se enfiló por el camino que lo dirigiría a la gruta del dragón.
Don Quijote y Sancho Panza siguieron la marcha. Cuando el sol ya se había pueso Don Quijote salió de sus cavilaciones y habló.
- Has visto Sancho, en estas tierras hay mucho loco –
- ¿perdoneme señor?
- Hay los que creen que todavía los dragones existen.
El frío de la noche engulló a ambos personejes.
- Señor – habló mucho más tarde Sancho
- Dime Sancho
- Le tengo un regalo, es un libro
- No será de caballerías
- No señor
- Gracias a dios.
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