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Doble año nuevo

Cuelgo aquí la entrevista que hice con Xoi Kiu, la dueña de tres restaurantes vietnamitas en Barcelona. Una señora sencilla con un buen castellano aunque todavía con errores. El ambiente clásico kitch de los restuarantes orientales, mucho espejo, mucho adorno oriental, fotografías de lugares lejanos y reproducciones de grabados. Vietnam es el único lugar del oriente que no utiliza Kanjis sino lectras occidentales para escribir


En casa de Xoi Kiu se celebran dos años nuevos. El primero es la fiesta occidental del 31 de diciembre y el segundo es el año nuevo del calendario oriental. La primera fiesta les hace recuerdo dónde se encuentran: en la ciudad de Barcelona desde hace 24 años. Aprovechan esas fechas para reunirse con los amigos, vietnamitas y catalanes, comer las 12 uvas siguiendo las campanadas y a las 12 de la noche abrazarse como todos los españoles, que lo hacen en ese instante. La segunda fiesta les hace recuerdo del lugar de donde vienen, realizan el rito budista y se preparan para otro año lejos de su patria, pero con la sensación de encontrarse en el hogar.

En los últimos años de la década del 70 Vietnam en una serie de guerras se enfrentaba ahora con la China. El padre de Xoi Kiu ve cómo la guerra se acerca a su ciudad, Qung Ninh y no les queda otra cosa que aferrar con fuerza las maletas, reunir a todos los hijos de la gran familia y marcharse. Parten de su patria junto con miles de emigrantes que buscan un lugar donde puedan vivir tranquilos lejos de guerras y conflictos sociales.

Mientras Xoi Kiu comenzaba su viaje en España terminaba una dictadura de 40 años. El primer presidente democrático subía al poder y todo el país parecía desperezarse de un letargo que traía desde los años treinta, desde la guerra civil. Una gris dictadura había convertido a España en un país recluido y de cartón piedra, pero ahora empezaba a sacar la cabeza hacia el exterior y a limpiar las heridas que llevaba dentro.

Xoi Kiu Sam Pham es la mayor de 7 hijos. Con 17 años se ve en Macao en una colonia de emigrantes esperando una oportunidad para encontrar refugio en algún país que les abriera las puertas. La gran mayoría deseaba ir hacia Estados Unidos o Canadá y las entrevistas parecían durar años; pero nadie quería una familia numerosa. El menor de los siete hermanos tenía 40 días y ya había nacido fuera de Vietnam. El padre de Xoi Kiu decidió que no importaba el país, si se podía trabajar y vivir honradamente era más que suficiente para ellos así que decidieron tomar un destino distinto. Fue la elección que los llevaría a un país que no habían escogido y del que no sabían casi nada pero que los recibiría con los brazos abiertos.

Quinientos vietnamitas llegaron a “La línea de la concepción”, un pueblo en el sur de España. Xoi Kiu y su familia se vio en Andalucía sin saber el idioma y demasiada preocupada por sus hermanos y su futuro para sorprenderse por esta tierra tan diferente.

Conversando en el restaurante Vietnamita a pocos minutos de la famosa Sagrada Familia de Gaudí, Xoi Kiu recuerda esa primera época recorriendo España. Vivieron en Cadiz, en Logroño incluso en Madrid, pero fue en Barcelona donde lograron encontrar una oportunidad. Hicieron de todo, venta ambulante de bisutería, trabajaron en restaurantes, prepararon comida. “Menos robar, todo” comenta Xoi Kiu mientras su marido, también Vietnamita, atiende a los últimos clientes de su restaurante: “Capitol III”, el tercero local de la familia abierto en la ciudad.

Xoi Kiu y su marido Pau se conocieron en España a pesar de ser ambos vietnamitas y llegar en el mismo avión. “Mi marido estaba en Hong Kong mientras yo vivía en Macao. Él me dice que ya se había fijado en mi desde el avión, pero yo estaba muy preocupada atendiendo a mis hermanos” se ríe mientras probablemente recuerda esos días difíciles pero alegres.

En Barcelona no viven muchos vietnamitas. Xia Kiu conoce a unas cuatro o cinco familias, hay varias mujeres casadas con catalanes y todavía mantiene el contacto con el primer grupo que llegó en los 80. También llegan jóvenes vietnamitas a continuar estudios principalmente de arquitectura (seguramente Gaudí tiene algo que ver con eso). Esos jóvenes antes de regresar a su patria visitan el único restaurante vietnamita de la ciudad y conversan con la familia Sam. Esta familia es la más numerosa en Barcelona con más de 24 miembros.

Los hijos de Xia Kiu, de 17 y 19 años, son ya españoles, hablan en un catalán perfecto y como cualquier joven, recorren su ciudad sintiéndola propia. No conservan lazos tan fuertes con Vietnam que recién conocieron hace cuatro años pero hablan con sus padres en vietnamita, participan en los ritos con la familia y se las arreglan para sentirse un poco parte de ambos mundos.

Es así que los dos años nuevos que disfrutan no sólo significan el doble de celebraciones para los jóvenes, sino una combinación de culturas. Se sienten tan vietnamitas como españoles, así como sus padres sienten que aunque tienen lejos a su patria, España ya es su hogar.

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