Turner sueña a Venecia.

Dicen que la magia de Venecia está en la luz, quizás porque el reflejo del agua hace brillar los edificios, y la oscuridad que se cierne sobre la ciudad oculta la suciedad y la vejez de una ciudad que ha sido reina pero también puta. Historias de degüellos y asesinatos penden junto a aventuras de romances, melancólicos y la alegría del carnaval.
Turner fue un gran admirador de Venecia y logró crear un fuerte lazo con esta ciudad a pesar de haber estado en ella pocas semanas. La Caixa Forum está presentando una exposición acerca de la relación de este pintor con la ciudad que pobló sus pinturas.
Turner nació en 1775 y fue un importante pintor romántico. Su madre con problemas mentales quizás le heredó un aire de melancolía (en esa época en que esta palabra tenía sones más marcados que hoy en día) y comenzó muy pronto a distinguirse como pintor. Desde muy joven empezó a ser conocido y admirado, sus pinceles (principalmente acuarelas) reflejaban con increíble realismo los paisajes a los que se enfrentaba. Esta característica llegó por su aprendizaje junto a un arquitecto en el que el modelo real cobraba principal importancia.
En el recorrido de cuadros, desde sus primeros acercamientos a Venecia a los últimos cuadros con que se despediría de la ciudad, se puede apreciar cómo esta fascinación por el objeto, por el retrato, iría diluyéndose al mismo tiempo que sus acuarelas para finalmente mostrar únicamente estudios de luz y color en los que estos elementos configuran todo paisaje. Fue criticado por sus contemporáneos por que sus cuadros “no tenían semejanza con el objeto real”, acercándose quizás a un impresionismo romántico que no sería entendido hasta bien entrado el siglo XIX.
Sus pinturas de góndolas, de cúpulas y torres, de rayos de luz golpeando sobre las aguas calmas de Venecia rompen las líneas, se escapan de un posible dibujo esparciéndose por todo el lienzo. Sus barcas, por ejemplo, son entes estirados que se vuelven uno con el reflejo sin dejar claro cual es el objeto y cual es el reflejo. De la misma manera los reflejos de la luz en el agua, pintados con trazos delicados en un papel oscuro, tienen más presencia que los pesados muros de las catedrales.
Turner conocería a Venecia primero por escritos y textos que en persona, después de una corta estancia en el hotel Europa Venecia pasaría a formar parte de su espíritu. Esto se puede ver en sus cuadros que al principio muestran una Venecia palpable, casi rígida, sólida, que se va difuminando a medida que empieza a convertirse en una ciudad que sólo se le aparece en sueños. Desdibujando la ciudad, robándole los trazos se la apropia. Con la experiencia personal en esta le añade vida, música, movimiento pero de la misma manera que sentimos esos elementos en los sueños.
Por otra parte mi cuadro favorito, la llegada a la fiesta de un grupo de dos o tres góndolas en los que se pueden apreciar los colores de los elegantes trajes, las risas de las mujeres ansiosas, la música en el fondo de la pintura. No se aprecian detalles, no se descubren formas claras, pero tiene la exitación con que en un sueño se nos puede presentar un espectáculo así.
Les aconsejo que la visiten la exposición. La entrada es gratis, la exposición bien montada, y eso que no me pagan por hacerles publicidad. La Caixa Forum
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