Sena Quina, una joda
Un camba, un colla y un tarijeño… parece el comienzo de un chiste pero es la última película del incombustible Paolo Agássi, digo incombustible porque tiene 25 años produciendo cine en Bolivia y aun no se ha vuelto loco ni ha desistido.
Pero sigamos. Un camba, un colla y un tarijeño se unen en la película “Sena/Quina” para mostrar las diferencias que podrían separar a los bolivianos pero que terminan uniéndolos. La película cuenta la historia de Justo Pascual, un tarijeño que decide viajar a la feria tecnológica de La Paz para conseguir una máquina criogenizadora que lo ayudaría a conquistar el corazón de su amada y le permitiría exportar el famoso cangrejo de tomatitas al exterior. De la mano de la exorbitada excusa – de allí viene la frase de la película sobre la inmortalidad del cangrejo - en el trayecto se topará con una pareja de estafadores de poca monta: El Falso Conejo, paceño pero casado con una cochabambina, y El Miami, un camba con el corazón partido. Justo Pascual también conocerá en este recorrido por la geografía a una cochabambina, con master de masajista en paraguay, que no es otra que la preciosa Soledad Ardaya, actriz de teatro y cine que se empieza a convertir en nuestra propia Julia Roberts boliviana.
Ya desde las primeras noticias que tuvimos de esta película se la presentaban como una producción desenfadada, de bajo presupuesto y con una mira muy clara: la de la comedia. Esta “joda” de Agazzi como la publicitan tiene desde las primeras imágenes una forma de contar la historia de una manera diferente. Apoyada de animaciones y con algún efecto digital la película intenta traer aires nuevos al cine boliviano. Pero si tendríamos que buscar los verdaderos logros de la película, estos no se encuentran tanto en el estilo de la filmación, sino en pequeños triunfos del guión que aunque menores no pasan desapercibidos. Hablo de la habilidad del director y del escritor de reflejar la realidad en registro de comedia y de usar este elemento para colocar pequeñas referencias o diálogos en una historia que quizás puede parecer simple o poco trabajada.
En Bolivia la tirantez de relaciones entre las regiones a las que representan los personajes es algo conocido que se ha reflejado tanto en política como en la cultura popular de la mano de chistes y estereotipos. Pero a pesar de que ese es el ambiente general en el que se moverá la película los personajes no se adaptan a estos estereotipos pero los usan para relacionarse entre ellos. El punto en el que estos personajes se relacionarán será el submundo de estafadores de poca monta que a pesar de no haberle sacado todo el provecho posible (como si se logró en la argentina “Nueve Reinas”) sirve como excusa para reunirlos en igualdad de condiciones.
En un momento de la película se hace una referencia a la primera película del director: “Mi Socio”, la historia del camionero y el niño que recorren Bolivia llevando un cargamento de huevos. Una popular película que se convertido por logros propios en una de las cintas más exitosas de Agazzi. A parte del guiño que puede significar el alegato de la piratería de aquella película, la relación entre ambas películas es más profunda ya que comparten elementos comunes que se han actualizado en esta última. La unión por carretera de Bolivia mediante el viaje entre el este al oeste (Santa Cruz, Cochabamba, La Paz) así como la contraposición de Cambas y Collas, distintos pero unidos por la amistad, son importantes elementos de comunión entre ambas cintas. Así también aparecen la posición siempre velada de la mujer, la importancia de la fiesta, de la comida, de la música, del alcohol se vuelven elementos necesarias para un intento de dibujar la realidad donde los personajes se muestran.
“Sena/Quina”, palabra mágica de victoria, de celebración, es el título de esta película que se nota hecha con cariño y con la comodidad de un equipo que sabe bien lo que hace. Además la cinta está preparada para llegar a un público que cansado de películas trascendentes o que intentan serlo, busca divertirse con una producción nacional. Es por eso que incluso la estética de la cinta (fácilmente manejada gracias a que se filmó en digital) hace referencia a valores populares donde se unen la cumbia, el chiste verde, la referencia local, los colores chillones y los platitos cochabambinos para contar una historia amena y divertida.
Junto al mundo cinematográfico boliviano oficial, el de Ukamau y Sanjinez, de Jorge Ruiz de Antonio Eguino, de Agazzi e inclusive de los nuevos realizadores como Rodrigo Bellot, existe otro tipo de cine. Un cine popular que corre por un camino lateral. Es mucho menor que este cine apoyado por CONACINE y con presencia, aunque exigua, en salas de cine. Las referencias de ese otro cine, así como su estética y su estilo de humor está dirigido a un público muy específico. Un público que verá estas cintas en las pantallas gigantes de los restaurantes de la Cancha o el Alto y que buscará una identificación quizás más cercana que la que podrá encontrar en el cine antropológico de Sanjinez o en las exitosas cintas de Agazzi como “El Atraco” o “El día que murió el silencio”. Quizás por primera vez, la película “Sena Quina” ha intentado realizar un puente que una ambos mundos. Si en algunos meses vemos que aun se comenta sobre esta película, y que aparece la versión pirata de la cinta y que se empieza a pasar en viajes interdepartamentales y en las salas de cine populares, significará que la película ha tenido éxito.
Agazzi contento con el resultado de la película ya empezó a preparar un segundo volumen que se llamaría: “La venganza del chupacabra”. “No es un trabajo fácil, pero necesitamos reír, reírnos de nosotros mismos”
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Categorías:Cine






