Un ave y un señor
Hoy quiero comenzar con un proyecto, una obligación, un trabajo. Cada día sacar una foto de la ciudad. Pero no con cámara, sino por este otro sistema que ya todos conocen (espero).
Hoy vi al regresar del trabajo un hombre descansando en la puerta del bar. La tarde de otoño estaba clara y fresca, y el ambiente más puro que el seguramente se sentía dentro del bar. Al lado del hombre, y más arriba de su cabeza estaba colgada la jaula de un pequeño pájaro. Este tenía vetas negras y amarillas, como di de un pequeño tigre se tratara. Y, al igual que el hombre, la ave respiraba y disfrutaba ese pedazo de tarde de otoño que se colaba entre edificios y coches, y en su caso entre los barrotes. Es muy extraño ver en medio de la ciudad un ave, aunque esté enjaulada (nunca me han gustado esas pequeñas cárceles), pero a pesar de todo parecía como si el hombre hubiera sacado a pasear a su pequeña mascota, como se saca a un perro para que orine contra los árboles. Quizás, ahora que lo pienso, no había ninguna relación entre ambos seres. El hombre, un cliente del bar, dejaba descansar la borra del café en su taza sobre la barra, y el pájaro del dueño disfrutaba el momento de pequeña libertad que se le daba (libertad en cuanto a la vista y a los pulmones). Es entonces la escena de ambos personajes, hombre y ave, que lado a lado disfrutan un momento, mientras que yo paso por delante imaginando cualquier historia.
Hoy vi al regresar del trabajo un hombre descansando en la puerta del bar. La tarde de otoño estaba clara y fresca, y el ambiente más puro que el seguramente se sentía dentro del bar. Al lado del hombre, y más arriba de su cabeza estaba colgada la jaula de un pequeño pájaro. Este tenía vetas negras y amarillas, como di de un pequeño tigre se tratara. Y, al igual que el hombre, la ave respiraba y disfrutaba ese pedazo de tarde de otoño que se colaba entre edificios y coches, y en su caso entre los barrotes. Es muy extraño ver en medio de la ciudad un ave, aunque esté enjaulada (nunca me han gustado esas pequeñas cárceles), pero a pesar de todo parecía como si el hombre hubiera sacado a pasear a su pequeña mascota, como se saca a un perro para que orine contra los árboles. Quizás, ahora que lo pienso, no había ninguna relación entre ambos seres. El hombre, un cliente del bar, dejaba descansar la borra del café en su taza sobre la barra, y el pájaro del dueño disfrutaba el momento de pequeña libertad que se le daba (libertad en cuanto a la vista y a los pulmones). Es entonces la escena de ambos personajes, hombre y ave, que lado a lado disfrutan un momento, mientras que yo paso por delante imaginando cualquier historia.
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