El último héroe
Bolivia es un país rico en héroes, algunos grandes e importantes pero todos antiguos: Bolivar, Sucre y los grandes libertadores y otros más pequeños como Aniceto Arce, Alejo Calatayud, Tupac Katari, y otros nombres sonoros que pelearon, lucharon y murieron por una causa.
Pero hay uno en especial que hoy en día me dio vueltas en la cabeza por su último acto de heroísmo. Un héroe de aquellos épicos que cantaban en gestas y poemas. Es difícil ahora o nunca encontrar un héroe como aquel que en una sola frase pueda poner toda su valentía, y por lo tanto su historia, uno de esos momentos tan cargados que son señalables y mitificados.
Era la guerra del Pacífico y Bolivia se enfrentaba con Chile en una guerra perdida. Se luchaba por un territorio que casi no era ocupado y a nadie le importaba. Sólo a los pocos que vivían allí y ellos fueron los que se enfrentaron a un ejército chileno. La guerra es de aquellas de cuaderno de colegio, de fechas y nombres, 1879, Cobija, Calama, Antofagasta, Topater.
Y guerra de un nombre: Eduardo Avaroa. Quizás el último gran héroe. Su momento más grandioso, como de los grandes héroes, fue el de su muerte. Sólo se guarda su última frase: “Que se rinda tu abuela, carajo”. Así con mala palabra y todo, recogida ávidamente por todos los alumnos de historia. Esa frase fue el máximo momento de heroísmo de un héroe. La frase de campesino en boca de un profesor de vocabulario rudo, exaltado por la batalla, pero absolutamente honesto. El soldado chileno disparó con orgullo, sabiendo que no lo vencía, sólo lo mataba.
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