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El agujero negro

La fuerza de gravedad que tiene un agujero negro es tal que ni siquiera la luz, lo más rápido que conocemos, tiene la velocidad suficiente para alejarse de ella. Hay otros elementos diferentes a la luz y a la materia, estos tampoco pueden huir de su influencia.

Dos científicos franceses, un equipo de astrónomos estadounidenses, un profesor de física japonés y un cura chileno detectaron la presencia del agujero negro con una diferencia de pocas horas. Cada uno utilizó un método distinto pero las conclusiones fueron las mismas. Existe un agujero negro en nuestra galaxia y la tierra se dirige inexorablemente a su presencia.

Pero había algo que nadie nunca había sospechado, y cuando lo descubrieron resultó ser demasiado tarde. El primer elemento que atrae el agujero negro a su voraz boca es el tiempo. Este valor inmutable, al parecer, se relativiza en la presencia de ese asombroso campo gravitatorio. El tiempo se va deteniendo a medida que se acerca al centro y cuando se encuentra con este, el tiempo, ajeno a la historia del universo, se congela a la espera de un nuevo big-ban. Dentro de un agujero negro no ocurre nada porque allí el tiempo no transcurre.

Los cálculos en relación a esta desviación temporal tardaron mucho en realizarse. Pero nadie, ni la máquina más precisa, pudo detectar lo inexorable. El tiempo cada vez corría más lento. Esto sólo se podía haber detectado utilizando un reloj universal. Utilizando estrellas distantes para medir nuestro propio tiempo, pero el orgullo en nuestra ciencia y tecnología nos alejó de esa oportunidad. No íbamos a confiar en una estrella lejana y absurda para confirmar lo que no veíamos en nuestros relojes de pulsera.

Al principio los segundos se alargaron, los minutos se volvieron horas, un mes transcurría en años, un año tardaba siglos. Pero había algo que no había cambiado, la gigantesca inercia de nuestro planeta no se había debilitado y se dirigía en una carrera absurda hacia su meta. Un punto en el universo que no tenía volumen pero poseía una masa infinita.

A un inicio detectaron que el agujero negro se encontraba a varios miles de años luz de distancia pero las últimas mediciones lo detectaban a menos de diez años luz. Nuestra concepción del tiempo cambiaba y cada año nuestro duraba varios siglos. Lo que al principio creíamos un trágico encuentro en el final del los días, cuando ya no existiera un hombre en el planeta se convirtió en una realidad tan cercana que nadie se atrevió a calcular la fecha.

A medida que nos acercábamos al final de nuestra carrera el tiempo transcurría con más parsimonia, ahora un amanecer duraba un siglo y cada latido nuestro podía ser comparado a la órbita de una estrella.

Lo único en que confiábamos ahora es que nuestro planeta se acerque suficiente rápido al centro del agujero negro como para que nuestro último respiro dure toda la eternidad.

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Comentarios

1
De: Akin Fecha: 2002-11-22 19:07

Eso ya lo dijo Pohl :-) Los Heeches utilizaron los agujeros negros para huir del enemigo, se escondieron allá dentro a la espera de que fuera el enemigo se muriese de viejo.

(Saga de los Heeches, tetralogía, Frederic Pohl)



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