portafolio (en) portafolio (es) el forastero
Inicio > Historias > Abraham

Abraham

Abraham elevó el cuchillo en el aire, sus manos ancianas y sudorosas presionaban con tensión el mango de madera. Isaac, con el rostro inocente de niño, cerro los ojos esperando lo que hubiera de venir, sea Dios o sea la muerte, que al final de cuentas eran lo mismo. El padre de los pueblos respiró profundamente y bajó el arma hendiendo la carne del niño. La sangre cayó en la roca ceremonial con un tono rojizo cercano al negro. Abraham esperó unos momentos, sin saber que pensar, sin terminar de entender lo que acababa de ocurrir. Sólo sabía que había hacho caso a lo que su Dios le había pedido. Al marcharse no vio al carnero enredado en una rama que podría haber salvado a su hijo.

Llegó a su hogar y Sara, su mujer, le salió a recibir con el rostro expectante. Al ver el triste rostro lleno de arrugas de su marido supo lo que había pasado. Sintió cómo las lágrimas se le arremolinaban en el borde de los ojos pero no lloró. Entró a la habitación para terminar de revolver el puchero que cocinaba. Ahora sobraría un plato.

Esa noche se acostaron con el corazón pesado, Abraham tardó mucho en dormirse y cuando lo hizo tuvo pesadillas.

* * *

Cuando Jehová regresó vio al Maligno tronchándose de risa en el suelo. Había estado jugando con la historia del pueblo de Israel causando una confusión de lustros: El mar rojo nunca se había abierto y Moisés murió atravesado con una espada egipcia. A Daniel lo habían devorado los leones. David murió aplastado bajo el puño asesino de Goliat. El inocente y sordo vasallo de Salomón, con absoluta fe en su señor, había partido al niño en dos. San Juan Bautista había muerto a los dos años sacrificado por los enviados de herodes, y los Reyes Magos se perdieron siguiendo estrellas inexistentes por toda Jerusalén.

Pero el más macabro juego del Maligno fue el que le hizo al hijo de Dios: Jesús se salvó de las huestes de herodes, sobrevivió al desierto, revivió a Lázaro, hizo milagros pero nunca fue crucificado. Judas murió en manos de los apóstoles en cuanto supieron que los iba a traicionar y Jesús se salvó de la cruz, del amargo cáliz y de la resurrección. El hijo de Dios, olvidado por este, envejeció y sus palabras se fueron perdiendo en el desierto. Los apóstoles con las manos sucias de la sangre de Judas se fueron alejando hasta dejarlo solo. Jesús lloró en soledad la muerte de su madre y una vez más se perdió en el desierto. Nadie lo volvió a ver. Y nadie lo recordó.

Dios no podía creer lo que veía, con un gesto los arcángeles se abalanzaron sobre el Maligno y una vez más lo escoltaron hasta el infierno. El señor era poderoso pero tuvo más trabajo que los seis días de creación. Se arremangó las mangas y empezó manos a la obra.

* * *
Abraham se despertó muchas veces esa noche, una de tantas lo hizo por las lágrimas de Sara, que aun dormida le dolían en el pecho por su hijo muerto. La primera luz del amanecer recibieron a Abraham ojeroso, cansado e insomne. Sara se levantó para iniciar las faenas del día y se empezó a peinar sin volver el rostro a su esposo. De pronto ambos escucharon una risa. Era una risa de niño que como otros amaneceres los recibían junto con el sol.

Sin saber que pensar la pareja de ancianos salió de su pequeño hogar y vieron a su hijo Isaac jugando con un pequeño cordero que había llegado perdido hasta su hogar. Isaac los saludó con un beso y dedicado empezó a realizar sus labores del día.

Abraham no le dijo nada a su mujer, con una cuerda ató el cuello del corderito y lo subió hasta la roca de los sacrificios. Durante la noche había negado a su Dios infinitas veces y en silencio. Ahora sólo le quedaba sacrificar al cordero con la cabeza gacha y el corazón contento.

NO TE OLVIDES SUSCRIBIRTE AL FEED DE EL FORASTERO

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://elforastero.blogalia.com//trackbacks/3882

Comentarios

Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 38.107.179.229 (c7d7c578c7)
Comentario