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Encuentros

Capítulo 4

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El río parece en calma. El agua oscura avanza sin que nada rompa su quietud como de espejo ciego. De rato en rato una figura en forma de S se dibuja avanzando contra la corriente para desaparecer pocos segundos después. El río continua deslizándose sin advertir lo que se mueve bajo su superficie. Yo me encuentro en la orilla de arena clara echado de espaldas respirando pesadamente e intentando recomponer lo que ha ocurrido. En el río nada queda de lo que pasó, el barco cargado de equipos, las rocas bajo la superficie, la curva llena de pequeños rápidos y bancos de arena.

Nuestro barco avanzaba a medio motor, nuestro capitán no conocía esta sección del río por lo que prefería ir con tiento. Uno de los jóvenes que habíamos contratado como marineros se encontraba inclinado sobre la proa con una especie de pértiga controlando el fondo y hablando a gritos con el capitán. "Mark Twain" era lo que se gritaba en el mississppi para marcar dos brazas de profundidad, la profundidad segura. Pero nos encontrábamos muy lejos del idílico río de Huck. Había visto cargar un par de escopetas cuando embarcamos, y en las orillas, detrás de un par de metros de playa o de rocas sólo habían anchos árboles demasiado juntos para ver que había detrás. Además el calor era asfixiante y los mosquitos parecían buitres rondando sobre nuestras cabezas.

Nuestro barco empezó a aumentar la velocidad, el ruido constante del pequeño motor fuera de borda no había cambiado. El capitán gritó "rápidos" y vimos las playas y los árboles moverse más rápido en la orilla. El marinero en la proa gritaba "banco de arena" de rato en rato y unos remos largos desviaban la embarcación. Pero el río seguía acelerando. El capitán apagó el motor y el silencio que dejó detrás suyo fue atemorizador. Avanzábamos cada vez más rápido, pero la quietud del bosque y sobre todo el silencio apenas roto por sonidos del bosque, parecía que el tiempo se había detenido.

De pronto un golpe y un crujido rompió el silencio y nuestro barco dio un pequeño tumbo. "Rocas" gritó el marinero que había perdido la pértiga. El río hacía una curva, erapoco pronunciada pero había que mantener el barco derecho. Un banco de arena nos ladeo ligeramente y empezamos a virar. "Cuidado" gritó el capitán e intento enderezarnos, pero la corriente se lo ponía difícil, pareció que lo lograba cortando el agua con el remo a modo de timón pero era demasiado tarde, terminamos girados completamente y el oleaje empezó a chocar en un costado del barco inclinándolo. Primero cayeron algunos paquetes, después el joven marinero de proa cayó con un fuerte chapuzón. Otra roca casi partió en dos a la embarcación y el golpe nos lanzó al resto al agua. Nuestra corta expedición había llegado a su súbito final.

Vi a Pablo cómo se alejaba por el río intentando nadar en contra de la corriente. Yo sólo imaginaba rocas a mi alrededor, me veía desgarrado por los ángulos agudos, con mi sangre atrayendo quien sabe qué alimaña. Vi a lo lejos una playa de arena y empecé a nadar con fuerza, temía cansarme antes de llegar a la orilla. Me pareció escuchar movimiento detrás de los árboles pero no podía preocuparme ahora por los animales.

En una pequeña aldea cercana a Hans le contaron que nadie del pueblo bajaba por el río porque allí abajo había gente, o seres o algo y no querían enojarlos. Incluso cuando faltaba pesca intentaban no bajar, y si no les quedaba otra lo hacían al medio día con el sol sobre sus cabezas y volvían lo más pronto posible.

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