La belleza del objeto
Un día, en una oscura y polvorienta tienda de viejo un poeta bajito encontró una lámpara de hierro forjado. Un pesado cardumen de gruesa filigrana metálica formando la base y una etérea, casi ingrávida campana de tela clara que se iluminaba con la luz eléctrica proyectando hacia las alturas las marcas e imperfecciones de la tela. Pronto todas las tiendas de viejo empezaron a vaciarse mientras ávidos coleccionistas encontraban un tesoro detrás de otro. Los objetos que hasta hace unos años habían sido desechados, basura deforme y demasiado ornamentada para la estética de una época, empezaban a ser redescubiertos. El art nouveau estaba naciendo descubriendo la belleza detrás del desechado objeto cotidiano.
Hoy en día estamos en la época de los objetos bellos, el diseño, la vanguardia asecha detrás de cada gadget, de cada lámpara, incluso en los utensilios de la cocina. Pero me hago una pregunta. ¿Algún día un artista bajito entrará a un anticuario o un museo y encontrará belleza detrás de estos objetos?. ¿Mantendrá su vigencia estética un iPod, una esbelta lámpara de varios brazos, un zapato de mujer?. Me pregunto eso cuando veo un modelo Apple II, una cuadrada caja de un gris granuloso. Puede despertar cariño y ternura, puede despertar memorias olvidadas. ¿Pero encuentro belleza en aquel objeto?. ¿En un walkman de sony, en un Discman, en el modelo de 1990 de la Mercedes?. Creo que no.
Pero hay objetos clásicos que mantienen ese atractivo. Un temprano modelo de la ferrari, las rojas cabinas telefónicas inglesas, una máquina de escribir Smith-Corona (pero no, en cambio, una Olivetti). Se que esto es relativo. Lo retro vuelve, lo retro está de moda. Pero veo ahora un antiguo modelo de teléfono movil, o uno de los primeros iPods: Grandes armatrostes, con raspaduras y rayones que no acentúan su belleza sino que los ensucian. Estamos en la época de la belleza perecedera. Las superficies pulidas que se vuelven opacas, las esquinas redondeadas que se abollan. No se hacen diseños para durar ni belleza que dure.
Irónicamente estamos en la sociedad de lo bello pero lo bello tiene que ser nuevo. Este es el código y tantas cosas se explican por esa simple fórmula.
Hoy en día estamos en la época de los objetos bellos, el diseño, la vanguardia asecha detrás de cada gadget, de cada lámpara, incluso en los utensilios de la cocina. Pero me hago una pregunta. ¿Algún día un artista bajito entrará a un anticuario o un museo y encontrará belleza detrás de estos objetos?. ¿Mantendrá su vigencia estética un iPod, una esbelta lámpara de varios brazos, un zapato de mujer?. Me pregunto eso cuando veo un modelo Apple II, una cuadrada caja de un gris granuloso. Puede despertar cariño y ternura, puede despertar memorias olvidadas. ¿Pero encuentro belleza en aquel objeto?. ¿En un walkman de sony, en un Discman, en el modelo de 1990 de la Mercedes?. Creo que no.
Pero hay objetos clásicos que mantienen ese atractivo. Un temprano modelo de la ferrari, las rojas cabinas telefónicas inglesas, una máquina de escribir Smith-Corona (pero no, en cambio, una Olivetti). Se que esto es relativo. Lo retro vuelve, lo retro está de moda. Pero veo ahora un antiguo modelo de teléfono movil, o uno de los primeros iPods: Grandes armatrostes, con raspaduras y rayones que no acentúan su belleza sino que los ensucian. Estamos en la época de la belleza perecedera. Las superficies pulidas que se vuelven opacas, las esquinas redondeadas que se abollan. No se hacen diseños para durar ni belleza que dure.
Irónicamente estamos en la sociedad de lo bello pero lo bello tiene que ser nuevo. Este es el código y tantas cosas se explican por esa simple fórmula.
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