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Patty Parker

Recompensa de 25 dólares.

Se entregará la recompensa en esta oficina por información que guíe a la captura de la mujer negra esclava Martha, alias Patty Parker, quien se escapó anoche. La negra tiene la piel de color negro azabache, tiene un rostro hermoso, cerca de 5 pies y dos pulgadas de alto; cuando se la interroga responde rápidamente y tiene una gran variedad de ropas en su posesión. Su dueño tiene una fuerte sospecha de que ha huido con un hombre negro libre llamado Riley, que acostumbraba a visitar la ciudad como camarero o cocinero en varios navíos mercantes.

A todos los capitanes de barco se les advierte en contra de que ayuden a la fugitiva, puesto que la ley será estrictamente aplicada en contra a quien sea culpable de este delito.

New Orelans, Junio, 14 de 1830


esclavaEncuentro en el museo de New Orleans este recorte de un periódico de 1830 en la sección de esclavos fugitivos. Me gusta imaginar a esta mujer, Patty Parker, de hermosos rasgos, esbelta y orgullosa, inteligente, de rápida respuesta y vestida con vestidos acumulados con paciencia, de la mano de Riley, apuesto varón, a bordo de un barco, con un benévolo capitán que logró evadir la ley, en dirección quizás a Inglaterra o a algún destino que fuera más benévolo con el color de su piel.

También me gusta imaginar su mirada recorriendo el puerto de New Orleans, con un sombrero cubriéndole el rostro, recordando los sufrimientos y las alegrías que le trajo esta ciudad. En el puerto sólo ve a estas horas de la madrugada el movimiento de pescadores y vendedores, y los pequeños escuadrones de soldados que hacen que contenga la respiración hasta que se pierden de vista. Riley le habla subiendo la voz para que poder ser escuchado por sobre el motor de vapor, pero ella no lo escucha. Es finalmente una mujer libre, como siempre lo fue en su mente.

Pero también me gusta imaginar al patrón de Patty Parker, insomne después de una noche en vela. Obsesionado con los muslos de aquella esclava que después que haya querido propasarse con ella le cruzó el rostro con una bofetada como si fuera una mujer libre, que demonios, como si fuera una mujer blanca. Su mirada altiva, despreciando sus acercamientos de adolescente. Había subido su mano por la piel tersa y caliente de sus piernas y antes de llegar siquiera sus muslos esta se había retirado con la furia de una yegua joven y lo había visto desde lo alto, ella de pie y él de rodillas. Cuando se irguió ocultando el orgullo herido fue cuando recibió la bofetada. Esa noche la encerró amenazándola con que volvería en la noche para terminar lo que comenzó, pero cuando regresó con el corazón saltándole en el pecho encontró la carbonera vacía así como el cajón donde su esclava guardaba sus pocas pertenencias. Rumió su ira mientras se dirigía al periódico para publicar el aviso. Pero una vez que la sorda furia pasó la noche lo encontró en vela pensando en todo el tiempo que la había tenido de cerca, desde niña, y todos los momentos que la había observado con atento ardor.

Por último me gusta imaginarme a Riley, enamorado y jubiloso a su lado. Había comprado su propia libertad con demasiado sacrificio, y ahora recorría el mar sintiéndose en ese territorio sin fronteras visibles que era finalmente un hombre libre, que podía ir donde le placiera. El mar era lo opuesto a los campos de algodón, o eso creía y por eso disfrutaba la brisa fresca, sintiéndose totalmente libre. O al menos así había sido hasta que la había conocido. Sus ojos negros, su cadera, su andar como de animal joven. Este puerto entonces se convirtió en su único destino, y si marchaba al mar era sólo para poder regresar. Ella le sonreía, concediéndole unos segundos de cielo. Por eso cuando ella apareció en el rincón donde dormitaba mientras esperaba la partida de su barco, y lo despertó con un tímido saludo, su corazón amenazó con desbocarse. Había llorado, estaba asustada, se había escapado de su amo. Tenía las muñecas laceradas por el rozar de una cuerda. Tenía una miserable maleta de cartón con sus pocas pertenencias. Pero a él le pareció como salida del más loco de sus sueños. Mientras hablaba de cualquier banalidad en la cubierta del barco, sabiendo que ella no lo escuchaba, pensaba en que él sólo había sido la excusa, que no se venía con él, que sólo era una suma de coincidencias. Pero para él eso era suficiente.

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Comentarios

1
De: MarthaX Fecha: 2006-12-28 09:26

Fascinante historia. Increíble lo que has posteado hasta ahora sobre New Orleans, cada vez me dan más ganas de conocer esa enigmática ciudad. Como decía un comercial ochentero de por acá: "Quiero más!" (historias).



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