Cementerios
Todos los cementerios están conectados. Es posible, dadas las condiciones apropiadas, discurrir de un cementerio a otro ubicado a miles de kilómetros de distancia. Esto se debe a que todos los cementerios son el mismo, de la misma manera que lo es el lugar a donde van los recién fallecidos.
Tomen por ejemplo el cementerio más cercano a mi casa. Típico cementerio estadounidenses de lápidas pequeñas y formales, ubicadas a nivel del suelo, con limpios caminos de piedra y un grifo con agua fresca cada pocos metros. De vez en cuando alguna tumba muestra flores en un florero, o un símbolo masónico grabado en piedra. Si se avanza hacia el fondo del cementerio, poco a poco el lugar irá cambiando, ya no serán limpios caminos sino pacillos entre paredes llenas de nichos, con viejos mausoleos en las esquinas y alguna mujer doliente que vestida de pollera limpia la tumba de un hermano o novio. En otra dirección encontraremos un desierto de cemento con tumbas como bloques de piedra con monedas decorando sus portales cerrados para siempre, y cruces en los muros sin nombres ni fechas. O góticas tumbas decoradas con cuervos o gárgolas y musgos antiguos trepando por la piedra. En otra dirección el cementerio se convertirá en una montaña donde tumbas apiladas se vuelven parte de la geografía, o chullpas con cuerpos momificados durmiendo en cuevas, o filas inacabables de cruces blancas de muertos en una guerra reciente; o fosas comunes donde se apilan montañas de cadáveres desconocidos.
He recorrido todos esos caminos, saliendo por anchas puertas o angostos pasajes a ciudades diferentes, he visitado las tumbas de hombres y mujeres famosos, tumbas escondidas de héroes y villanos, de traidores y de soldados olvidados. He encontrado hombres de todas las lenguas sentados frente a sus muertos, bebiendo alcohol o fumando yerbas extrañas intentando aplacar el alma de los que amaron. Es peligroso perder el rumbo, olvidar los muertos familiares, el camino que nos devolverá a la vida.
Hay algunos rincones que nunca me he atrevido a cruzar. Tumbas flotantes, árboles con rostro humano, sangrientas ceremonias fúnebres, cuerpos momificados en extrañas posiciones, Seres que no parecen hombres y que sus duros caparazones esperan toda la eternidad. Lugares que sólo observo de lejos, aterrado entre la fresca niebla, antes de retroceder con el corazón agitado y buscar el regreso a mi hogar.
Como he dicho hay condiciones que se deben cumplir para caminar entre cementerios. La hora del día es importante, así como la posición de la luna. Además no se debe estar muerto, ni tampoco totalmente vivo.
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