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Correo



Los nacidos en el siglo del email y las comunicaciones electrónicas, e incluso aquellos que nacieron con el telégrafo y el teléfono, no pueden imaginar lo importante que fue la comunicación epistolar durante siglos. A distancias imposibles, sólo la carta, el sello, la firma eran voluntades suficientes para cambiar el destino de un hombre, un pueblo, un continente.

Encuentro un fragmento en el libro Ciudad Letrada que describe cómo las cartas personales se movían en latinoamérica durante la colonia:

Un intrincado tejido de cartas recorre todo el continente. Es una compleja red de comunicaciones con un alto margen de redundancia y un constante uso de glosas, las cartas se copian tres, cuatro, diez veces, para tentar diversas vías que aseguren su arribo, son sin embargo interceptadas, comentadas, contradichas y acompañadas de nuevas cartas y nuevos documentos.

Angel Rama


Podemos imaginarnos constante movimiento de cartas recorriendo el continente. Una red, pre-tecnológica, pero con muchas de las características y problemas de la actual. Es interesante destacar cómo las mujeres eran una de las principales productoras de cartas y comunicaciones que mantenían unidos los sistemas de información de países enteros, muchas veces creando el sentimiento de "nación" y sus fronteras con estas mismas cartas.

Rama nos cuenta como Diego de Almagro usó y cayó bajo el poder de este sistema:

hizo de esta red epistolar uno de sus eficaces instrumentos mortíferos, cayendo al fin preso en ella gracias al empeño de otro letrado que interceptó las cartas que le enviaba a su mujer en España con instrucciones sobre la fortuna que estaba acumulando a espaldas del rey.

Angel Rama


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Comentarios

1
De: Malambo Fecha: 2007-04-13 13:56

Tiene antecedentes en la Europa de Galileo. En aquella época aunque las cartas iban dirigidas a personas concretas, estaban destinadas a circular dentro de ciertas comunidades. Había personas que hacían de "centro de copiado" (la actual editorial de revistas científicas, vamos).

Galileo se sirvió de estas costumbres para difundir sus ideas. Dice Moisés González en la introducción de "Carta a Cristina de Lorena":

"las cartas que aquí se recogen, si bien privadas, son, y ésa fue sin duda la intención de Galileo al escribirlas, auténtico vehículo de exposición de sus ideas. Incluso las cartas a Castelli y a Dini, aunque originariamente fueron verdaderos documentos epistolares, por la gran difusión que tuvieron ya desde la época de Galileo, ejercieron el papel de verdaderos tratados."



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