Mujeres como las de antes
El Semanal
Ambos escritores con unos años encima recuerdan a madres, tías, primas mayores, vecinas: Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, opinando que las mujeres de hoy pueden tener: Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota.
Y en general admiro como ellos la sensualidad y elegancia de aquellas mujeres de cine negro, de largos vestidos de tubo, de zapatos de tacón algo y sonrisa perfecta. Pero no puedo estar de acuerdo con que hoy en día esas bellezas se han vulgarizado o que ya no existe la elegancia. Lo que pasa es que este par de carcamales no saben apreciar otras bellezas modernas, seguramente diferentes, y de otra estética y otra sensibilidad.
Bellezas de zapatillas baja, o de zapatos de diseño que caminan con la soltura se sentirse cómodas en su piel. Esas hermosas bellezas de falda larga que la recogen con gracia con una sola mano mientras caminan por la calle. Mujeres de cabello corto con el cuello al aire y los rubios vellos de la nuca erizados por la brisa fresca. Incluso los tatuajes y piercings que al parecer les resulta repulsivos a los dos académicos tiene su propia estética que hay que aprender a apreciar pero que pueden ser tan delicados como el guante de Gilda o tan aturdidores como el escote sudoroso de Sophia Loren. El tatuaje escondido en un rincón o abarcando todo un brazo dándole nuevas texturas, sabores y recorridos a la piel, el piercing dándole un punto de metálica sonrisa a los labios, y adivinando brillos en el ombligo. Los cabellos de colores, jugando con tintes y reflejos nuevos. También en el aparente descuido, de los vestidos combinados con brillantes colores, cuidadosamente gastados, recargados con collares o pulseras. E incluso el vestido sencillo, como una tela que seca al sol en los soleados atardeceres de Brigitte Bardot se convierten en los sencillos vestidos con el que el viento juega y nos debilita el aliento y la voluntad cuando nos topamos con ella por la calle.
Las mujeres de cuidadoso maquillaje y vestuario trabajado que busca causar un efecto en las luces y mareos de la discoteca y que logran sustraer a todas las miradas del salón, el gastado tejano y camiseta de grupo de rock de una beldad mirando el atardecer inconsciente de las miradas ajenas, la falda que deja ver una rodillas aun adolescentes, unas viejas zapatillas de deporte y unos shorts cortos pegados a la piel brillante por el sudor, unas medias de red pensadas para confabular con nuestras pesadillas o el vestido de marca acompañado de una cartera comprada en un mercadillo y un perfume cítrico detrás de las orejas.
Es cierto que ya no quedan mujeres fatal con las que soñaba Bogart, y en las que Reverte y Marías siguen acudiendo como modelo ideal. Pero hay ahora muchas mujeres más, cientos de estilos, más libertad y miles de oportunidades para cautivarnos con una sonrisa, un movimiento de caderas o un taconeo rápido en la calle o en un café alejándose (o acercándose) a nosotros.
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Categorías:Mujeres






