DIOS (una historia en entregas)
El lunes por la tarde cuando Manuel regresó del trabajo encontró la carta que le informaba que de entonces a seis días se iba a convertir en Dios. La breve misiva rezaba:
“Debido a disposiciones superiores el día ocho del presente a las 16:42 usted se convertirá en Dios, El Único, Omnipresente y Todopoderoso. Sírvase tomar las medidas convenientes para el caso.
Atentamente
El directorio”
La carta impresionó mucho a Manuel y en un principio dudó de su seriedad. Pero el membrete de la carta así como el lenguaje oficial le hicieron dudar. Además quizás hubo alguna ayuda de su ángel de la guarda porque en el momento en que volvió a doblar la carta para guardársela en el bolsillo estaba convencido de que en seis días iría a convertirse en Dios. El problema era que él era ateo y no creer en sí mismo era una verdadera complicación.
Con la carta a buen recaudo en el bolsillo cogió el bidón de agua que acababa de comprar y llamó al ascensor. Mientras la lucecita roja iba indicándole los pisos que recorrían se quedó inmerso en sus pensamientos.
Si de verdad él estaba equivocado y Díos si existía, o al menos existiría desde el domingo, ¿qué Díos sería?. ¿Se convertiría en el barbudo y inmisericorde Díos Judío? ¿O quizás en el amante padre con un hijo muerto de los cristianos? O incluso se podría convertir en un Díos sediento de sangre y sacrificios como de algunos extremistas árabes. Menuda putada sería que lo acusaran de terrorismo por ser el Díos al que rezan los de al qaeda.
También intentó imaginarse cómo sería ser el Díos de una minoría religiosa. Ser el Díos protestante debía ser cómodo porque lo dejaban bastante en paz, al igual que ser Díos de los calvinistas, al final de cuentas él ya estaba divorciado. Mientras preparaba la frugal cena consistente de un bocata y un café descafeinado se imaginó a si mismo ser el Díos negro de alguna tribu africana. Se imaginaba con un collar de huesos y apareciendo de las llamas en medio de tambores infernales.
Incluso llegó a pensar mientras devoraba con hambre el bocata que tal si el verdadero y único Díos era en realidad el diablo. No se imaginaba con esos trajes tan elegantes que siempre le ponían y con patas de cabra y cuernos sobre la cabeza seduciendo a ancianos y a músicos de rock. Definitivamente no quería ser belcebú, no le terminaban de gustar ni los ancianos ni los músicos de rock.
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