La música de la Habana
Pero esta misma idea es llevada hasta un extremo muy superior con la película/documental: Suite Habana, realizando una pintura impresionista de la ciudad de la Habana sólo desde la imagen y el sonido. 85 minutos recorriendo la ciudad desde entrada la madrugada hasta el día siguiente, sin ningún diálogo y con la narrativa únicamente apoyada en los personajes y sus acciones.
A diferencia de los ejemplos anteriores, en esta cinta no hay ningún truco que imposibilite la utilización de diálogo. Se trata de una vida cotidiana con todos sus ruidos y sonidos, y también con sus silencios. Nadie se calla nada, en ninguna escena se fuerza el silencio. Este es tan natural en la escena, y resulta tan cómodo entre los personajes, como los largos silencios acompañados con alguien muy cercano.
La ciudad parece cantar entonces con sus propias melodías, con sus ritmos que van cambiando durante el día. Desde los sonidos del amanecer (el despertador, los primeros coches, la ciudad en calma), hasta el siguiente amanecer en el que todo es silencio salvo la lluvia y las olas cayendo sobre el malecón como un vals. Y es ritmo el de las máquinas, los pasos, el sonido de los cacahuetes tostándose al fuego, de la salsa o la trova en la televisión, de la lluvia sobre el asfalto, de millones de ruidos que cada día pasan inadvertidos.
Y hay algo de pausada melancolía, de cotidianidad vivida en silencio. Y muy en el fondo esta falta de voz que nos resulta tan extraño y con la que Cuba a aprendido a vivir.
Aquí un breve fragmento de la cinta:
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Categorías:Cine






