La fundación mítica del internet (II)
Cuando los jóvenes cambiaron al mundo I
Los primeros pasos
Comenzó siendo un proyecto encargado por el ejército. Llegaría a llamarse ARPAnet y con el tiempo Internet. El gobierno dirigido con fusiles en lugar de cerebros (leamos a Freud) quería un sistema de seguridad para comunicar todas sus bases militares de tal manera que ninguna sea la cabeza y por lo tanto sea imposible descabezar.
Los militares eran buenos en... eran buenos... eran, así lo dejemos, y contrataron a científicos de distintas universidades para su proyecto. Imaginemos ahora los fríos barracones militares, de oficinas con luz blanca e intermitente, de soldados sin cabello entrenados para recibir ordenes. Imaginemos ahora en estas oficinas a los jóvenes de las universidades llenas de césped verde y cerveza por la noche. Dispersados en bases militares idénticas en todo el país fueron puestos a trabajar en un proyecto militar frío y certero, como un arma.
Pero esos jóvenes no lo pudieron aguantar, no pudieron aguantar sus habitaciones vacías y comidas sosas. Las conexiones estaban empezando a ser comprobadas, los gigantescos ordenadores nietos de UNIVAC y de la serie MARK cantaban a un frenético ritmo, y en forma de destellos eléctricos sentían a sus compañeros situados en el otro ángulo de la red. Nació un proyecto pequeño y secreto. Junto a las primeras informaciones militares estos jóvenes empezaron a conversar de cine, de películas de clase B, de películas de monstruos y extraterrestres. “La cosa”, “El monstruo del pantano”, “Invasores del espacio” empezaron a poblar el ciberespacio que acababan de fundar. Así comenzó el verdadero Internet: ilegal, cercano y de jóvenes. Fue al principio tecnología militar pero se convirtió en algo de la gente.
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