Anoche tuvimos una de aquellas tormentas en que este país demuestra sus climas extremos y su naturaleza temperamental. La alarma contra tornados sonando a lo lejos, el cielo mil y un veces iluminado y la lluvia rompiendo con fuerza contra las ventanas. Parecía como si el acelerador de partículas del CERN hubiera desatado el final del mundo sobre nosotros. La mañana amaneció luminosa y la temperatura empezó a aumentar durante todo el día como si estuviéramos más cerca del infierno y la tormenta en realidad fue el juicio final. Pero hoy, como si nada hubiera ocurrido, las nubes se vuelven a formar sobre nuestras cabezas y Thor deja escapar unos furibundos relámpagos y todo vuelve a comenzar de nuevo.