La tierra duerme
Con un gesto de su poderosa espalda un volcán sumergido expulsa millones de toneladas de ceniza y un tsunami se alza en el océano, con otro gesto un volcán en Chile suelta lava hacia el aire incendiando a su paso todo lo que hay, plantas, animales, hombres. Con un nuevo movimiento un terremoto en Italia hace desaparecer pueblos enteros. El ruido de la gente no la despierta, ni las lágrimas ni los gritos. Ha tenido un sueño molesto, caluroso y agotador. La tierra sueña con pesadillas de desiertos y de placas polares derritiéndose. Si la tierra es un organismo y en su agitado sueño se mueve creando y destruyendo cordilleras, no queremos herirla, no queremos despertarla. Porque no es el petroleo o la capa de ozono los que causan los desastres naturales, somos nosotros los visitantes, los que nos alimentamos de ella, los que sufrimos de sus dolores de espalda y morimos bajo sus lluvias de piedra, de lava y de ceniza. La tierra duerme y nosotros debemos cuidar su sueño.
Al igual que los medios de comunicación de Italia llamaron imbécil por alertar sobre el terremoto de Italia a quien había predicho la posibilidad de sismo desastroso a partir de medidas de escapes de radón, cuidarnos de tener los oídos sordos a los pequeños gestos de una tierra que se queja.
Al igual que los medios de comunicación de Italia llamaron imbécil por alertar sobre el terremoto de Italia a quien había predicho la posibilidad de sismo desastroso a partir de medidas de escapes de radón, cuidarnos de tener los oídos sordos a los pequeños gestos de una tierra que se queja.
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Categorías:Ficcion






